― Deberías despertarme. ― Digo, pensando sobre cómo puedo interrumpir su sueño dos o
tres veces en una mala noche. Sobre cuánto puede llevarle el tranquilizarme.
― No es necesario. Mis pesadillas suelen ser sobre perderte a ti. ― Dice. ― Estoy bien en
cuanto me doy cuenta de que estás aquí.
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