lunes, 1 de agosto de 2011


Por eso cuando me enamoré de este chico me enamoré tanto: éramos de la misma especie, cosa que no me pasaba con el resto de la humanidad. Era uno en cuarenta y nueve y pico millones de argentinos. Éramos dos en el mundo. Hasta que lo conocí, me sentía vacía. Supongo que nos pasa a todas al final de la adolescencia, somos pocas las que podemos dejar de sentirnos miserables.

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