viernes, 1 de julio de 2011

Es gritar en un mundo de sordos

Sentirte vacía no es no sentir nada. Es sentir eso, sentir el vacío. Sentir ese agujero en el pecho que te absorbe, como una aspiradora, es como una profunda tristeza en un mundo feliz, es frío en un verano ardiente. El vacío es llorar mientras todos ríen. Es llorar pero sin saber por qué. Es no esperar nada, es saber que no podés buscar, es estar solo en compañía, es peor que no tener respuestas, es no tener preguntas.
No hay sentido, no hay nada, solo hay todo lo que falta. Sentirte vacía es tener la certeza de que no habrá nada que lo llene. Mi arma todavía está caliente y sin embargo no hay gritos, no hay lágrimas, no hay muerte, no hay nada. Mi arma y mi alma quedaron vacías. Mi mente se va vaciando, llenando de nada. El vacío es oscuro y frío. El vacío está hecho de todo eso que no sos vos. Es dormir sin soñar. Es vivir sin soñar. Es amar sin sentir. Es soñar sin sentir.

Casi Ángeles

Y sentirme vacía en una de las cosas que más vida me da, que más alegría y fuerza le da a mi vida, me está ahogando. No se qué hacer, no se qué sentir. Hay días que no se de dónde sacar ganas, voluntad para ir y poner todo de mí, y poder volver a sentir ese amor que antes era parte importante de mi vida. Y es que no me siento parte de eso tan lindo, y es por eso que la perseverancia no me viene a visitar, y es que siento un hueco en el pecho que hace un año no existía. Simplemente hace dos días ese hueco creció y llegó a ser visible a otros ojos.
Sofía. Mi mirada de mi comunidad.

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