| Si esto no es mi felicidad, aseguro jamás haber sido feliz |
Ya no me encuentro preguntando sobre amor, por fin no hay nada que pretenda no saber. Entiendo que no hay relación entre amar y envejecer. Ya no me encuentro preguntando cómo dar, por fin comparto por el miedo de perder el milagro de tus caricias llegando el amanecer. Ya no me encuentro contestando un '¿yo qué se?', por fin entiendo que en tus redes yo caí. Ya no me encuentro preguntándome '¿por qué?', por fin entiendo de una vez el porque sí; porque te vi, te dejé entrar, cerré la puerta y te elegí. Tirando a matar, dándonos changüí, puro razonar, puro frenesí. Siempre fue así nuestra historia: que funcione o no, que esté bien o mal, vivirlo con vos para mí es la gloria. Sin escatimar, sin darnos de más. Sin acelerar, sin tirar para atrás. Siempre fue así nuestro asunto: le falta de acá, le sobra de allá, retocándolo, pero siempre juntos.
Ya no le temo a ese cagón que habita en mí, ni a sus ataques tontos de furia precoz. Distingo excusa y resultado, y hoy elijo estar con vos. Ya no me encuentro figurando en el "verás", por fin no debo más que lo que va a venir. Pago el precio de tenerte, darte amor y ser feliz. Porque me es imposible de imaginar agonía más cruel, más aterradora que mi canto y tu danza alejándose, uno arriba del tren y otro en la estación. En los momentos en que quiero escapar de mi propia piel, vos sos mi doctor. Con mi panza y tu panza rozándose, no hay poeta que no haga una canción.
No hay comentarios:
Publicar un comentario