miércoles, 25 de agosto de 2010

¿Sabés a dónde van las palabras que no se dijeron? ¿A dónde va lo que querés hacer y no hacés? ¿A dónde va lo que querés decir y no decís? ¿A dónde va lo que no te permitís sentir? Nos gustaría que lo que no decimos caiga en el olvido, pero lo que no decimos se nos acumula en el cuerpo, nos llena el alma de gritos mudos. Lo que no decimos se transforma en insomnio, en dolor de garganta. Lo que no decimos se transforma en nostalgia, en destiempo. Lo que no decimos se transforma en debe, en deuda, en asignatura pendiente. Las palabras que no decimos se transforman en insatisfacción, en tristeza, en frustración. Lo que no decimos no muere, nos mata. Lo que no decimos se transforma en trauma, en veneno que mata el alma. Lo que no decís te encierra en el pasado. Lo que no decimos se transforma en herida abierta.

Quisiera decirle que lo amo como nunca amé a nadie, que no puedo vivir sin él, pero que tengo mucho miedo de lastimarlo. Quisiera decirle que sin él me muero. Quisiera salir corriendo y decirle que no lo voy a dejar, que voy a estar con él pase lo que pase. Quisiera decirle que no sea tonto, que me mire a los ojos y que se dé cuenta que no le miento, que lo amo, y que lo único que necesito en este momento es a él. Quisiera decirle que lo necesito conmigo. Quisiera decirle que por primera vez en mi vida me quiero quedar en un lugar, con él. Quisiera decirle que a mi tampoco me importa las formas, que nada más tengo ganas de estar con él, hablar con él, reírme con él, nada más. Quisiera decirle que no conocí el amor, hasta que lo conocí a él. Quisiera decirle que lo extraño tanto. Quisiera decirle que no se enamore de otra, quisiera pedirle que no me olvide. Quisiera decirle que solo puedo ser feliz con él. Quisiera pedirle que me cuide.

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