lunes, 30 de agosto de 2010

Hay cosas que uno siente, que primero no se da cuenta, pero después con el tiempo se sienten, y están, están latentes, están en uno. Uno no puede dejar de sentirlas. Digamos, en resumen, es como cuando uno se plancha el pelo, que tiene rulos, y se plancha el pelo y se plancha el pelo, pero ¿qué pasa? Uno sale a la calle, si te agarra la humedad, el rulo siempre vuelve, ¿por qué? Porque el rulo siempre está, por más que uno lo alise y lo alise, el rulo siempre está. El rulo vuelve. Por más que trates de evitarlo, cuando uno ama, ama. Antes el amor para mi era un capricho, era querer a alguien sin importar nada, hacer lo que hiciera falta para tenerlo. Ahora empiezo a entender que el amor pasa por otro lado. El amor es tan raro a veces, tan inexplicable, nace de pronto y avanza y avanza, ¿Y que quiere el amor? Ser correspondido, eso quiere. ¿Se puede ser feliz viendo a la persona que uno ama enamorada de otra? ¿Se puede amar sin ser egoísta? Yo creo que empecé a entender el amor cuando deje de ser egoísta, cuando empecé a hacer cosas sin esperar nada a cambio. Amar hace bien, pero a veces no alcanza, uno necesita algo más, necesita respuestas. ¿Que somos? Esa es la pregunta del millón. Tanto nos preocupamos por el qué somos. ¿Importa realmente lo que somos? ¿O importa lo que sentimos y el amor que tenemos por el otro? Podemos ser la ex de alguien, pero eso no quiere decir que nuestro amor sea ex. Mi novio, mi ex, son palabras. Lo importante no son las palabras, lo importante es otra cosa, eso es lo que vale, el sentimiento, le pongamos nombre o no, es lo único que tiene sentido. No importa el que somos, importa lo que sentimos y lo que hacemos. No se que somos pero se como nos amamos.

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