sábado, 7 de agosto de 2010

Abre tus ojos

A veces da miedo abrir los ojos, porque por ahí los abrís y ves todo patas para arriba. Y eso es lo que en verdad da miedo, los cambios. Como un chico que juega a las escondidas tapándose los ojitos creyendo que así no lo ven. Uno, a veces, cierra los ojos como si así fueran a desaparecer los problemas. Como si muerto el cartero, fueran a desaparecer las cartas fuleras. Uno se hace el perro que tumbó la olla, como si el dolor que siente no existiera. Uno detesta y ama a esa persona, o a ese espejo, que te canta las cuarenta. Uno detesta y ama a quien abre tus ojos. Abrir los ojos es agridulce. Por un lado, como que se pierde la magia. Pero por el otro, se sale del engaño. A veces lo que tenemos que ver es tan horrible, que preferimos hacer la vista gorda, cerrar la tranquera, y vivir en una cajita de cristal. Y otras veces la burbuja se pincha, y no queda otra que abrir los ojos, y mirar los que no queremos ver. El corazón se nos estruja y nos quedamos sin aire, ahogados. Duele abrir los ojos. Es como salir de la oscuridad, que la luz te enceguece. Ojos que no ven, corazón que no siente. Mejor mirar para otro lado, dicen. Meter la cabeza abajo de la tierra como hace el avestruz. Pero para que algo cambie hay que romper la burbuja, hay que salir de la cajita de cristal. Abrir los ojos y animarse a ver. Aunque lo que haya para ver te estruje el corazón.

Abre tus ojos, mírame. Estoy perdida buscándote. Serás el mismo, el que siempre amé. Abre tus ojos, tócame. Abre tus ojos, ven a mí. Abre tus ojos, estoy aquí. Abre tus ojos y podrás sentir que hay otro cielo por vivir.
Toco, siento, miro y en tu piel se va el invierno esta vez. Toca, siente, mira, ya lo sé, vuelvo a ser tuya otra vez.
Abre tus ojos, búscame. Estoy tan lejos sintiéndote. Si estás perdido, sin saber de mí, abre tus ojos, estoy aquí. Abre tus ojos para ver en mi mirada la luz que hallé. Abre tus ojos y podrás sentir que hay otro cielo por vivir
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