Me besó con ternura, con adoración y yo me olvidé de la gente, el lugar, el momento, la razón. Recordando sólo que él me amaba, que me cuidaba y que yo era suya. En ese momento, mi mundo, que había estado boca abajo durante tanto tiempo, pareció estabilizarse en la posición correcta. Miré a sus ojos triunfantes y supe que yo también había ganado. Porque ya nada importaba, salvo que me quedaría con él. Será como si nunca hubiese existido. Me rodeó con sus brazos, me estrechó junto a él y hasta la última de mis terminaciones nerviosas cobró vida propia al sentir sus labios junto a los míos.
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