domingo, 21 de febrero de 2010

Tu


Serás siempre aquella luna que iluminará el corazón apasionado y que irá por la senda de su apacible vivir, tan sólo por ver tu mirada y oírte en el silencio palpitar de la emoción. Transitaré en mi vigilia como lo hicieran las flores en el otoño y deambularé en mi silencio como el susurro de un verso encendido. Gracias por la gentileza de vivir, por adornar de ternura mis días de gris y por construir una nueva estación a partir de tu sonrisa. Por cada te quiero y por cada misterio. Eres sin duda otro cielo que entró en mi vida por fin. Te llevo presente en la vida y tu recuerdo es mi propio altar. Gracias nuevamente por tu cordura que mi locura no supo abatir. Te debo el latir de cada mañana y tú, el corazón que tanto te extraña.

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